5 decisiones de ingeniería que determinan si un microdispositivo impreso en 3D funciona o falla en la detección de contaminantes del agua
5 decisiones de ingeniería que determinan si un microdispositivo impreso en 3D funciona o falla en la detección de contaminantes del agua
Resumen
Fabricar por
impresión 3D un microdispositivo, no garantiza que funcione en condiciones
reales, especialmente cuando las sustancias que se quieren detectar se
encuentran en el agua. Por ejemplo, en aplicaciones como sensores para medir la
calidad del agua, la microescala magnifica problemas que en prototipos “macro”
a nivel laboratorio pasan desapercibidos: como superficies que no se mojan,
canales que se obstruyen, materiales que cambian su respuesta con el tiempo,
piezas que simplemente no son repetibles o una mala selección del método de detección,
ya sea cualitativo o cuantitativo. Este artículo, presenta cinco decisiones de
ingeniería que pueden marcar la diferencia entre un dispositivo que funciona de
manera confiable a uno que falla en la práctica.
Introducción: el reto no es imprimir, es que funcione en el medio
La impresión 3D, se
ha vuelto una tecnología de manufactura muy utilizada para desarrollar
microdispositivos: porque permite iterar geometrías rápidamente, combinar
funciones y reducir barreras de acceso a la microfabricación, y esto está
permitiendo la democratización de estas tecnologías de sensado. Sin embargo,
cuando estos dispositivos tienen que operar adecuadamente en agua (por ejemplo,
en microfluídica o sensado), el óptimo funcionamiento deja de ser “una pieza
que salió bien impresa”, a ser un sistema complejo que mantiene desempeño en
condiciones reales.
En este contexto, el
objetivo no es inventar algo desde cero, sino aplicar con rigor un conjunto de
buenas prácticas de ingeniería como: selección del material, control del
proceso de fabricación, diseño de superficie y por último validación de la
funcionalidad. A continuación, se presentan cinco consejos fundamentales para
ayudar a entender por qué un microdispositivo puede ser completamente funcional
o fallar en condiciones reales.
1) Elegir y optimizar el material pensando en el agua, no sólo en la impresora.
Por ejemplo, en la microfabricación por MSLA (Masked Stereolitography), la resina no es solo un insumo: es el punto fundamental de partida para garantizar la estabilidad dimensional, la compatibilidad química y la interacción con el fluido. Por eso, en aplicaciones acuosas, suele ser necesario considerar aspectos como:
- Estabilidad y envejecimiento en contacto con el agua (por ejemplo, dependiendo de los niveles de pH del medio acuoso puede o no haber degradación de la resina), lo que involucra cambios en propiedades mecánicas, superficiales e interferencia con las mediciones.
- Compatibilidad
química con la muestra acuosa, con soluciones de limpieza y con tratamientos
superficiales posteriores.
- Reactividad y
curado, ya que la respuesta de la resina durante la fotopolimerización tiene un
impacto en contracción, precisión y porosidad. Por otra parte, el nivel de
conversión de la resina durante la fotopolimerización es un factor que puede
generar la presencia de monómero residual que podría transferirse a las
muestras acuosas transportadas por los microcanales, por lo que es fundamental
establecer el tiempo de exposición entre capas que permita el máximo nivel de
conversión posible, además de un buen proceso de post-curado.
- Cuestiones
ambientales, se buscan formulaciones y estrategias de uso que reduzcan impacto
(por ejemplo, eficiencia en consumo, menor toxicidad relativa, buenas prácticas
de manejo y post-curado).
En conclusión, la
decisión importante en este punto es conceptual, ya que el material debe
seleccionarse por desempeño en el entorno final y se realiza con criterios de
ingeniería, no por ensayo aleatorio.
2) Tratar los
parámetros de impresión como un problema de optimización, no de intuición
En este punto,
tanto en FFF (Fused Filament Fabrication) como en MSLA, los parámetros de
procesamiento tienen un impacto en microgeometrías, rugosidad, tolerancias,
repetibilidad y, en última instancia la capacidad del dispositivo para operar
sin fugas, sin obstrucción y con comportamiento repetible.
En la práctica de
la manufactura de los microdispositivos, los problemas típicos en agua suelen
estar vinculados a parámetros mal ajustados, por ejemplo, variación de
dimensiones críticas, superficies demasiado rugosas para flujo estable,
microcanales que no mantienen su sección, o zonas que quedan con defectos de
impresión que luego son puntos de falla de operación en condiciones reales.
Por lo anterior,
una decisión fundamental no es “ajustar hasta que salga”, sino definir qué
significa “óptimo” para el uso específico del microdispositivo propuesto.
Precisamente, en microdispositivos orientados a sensado, lo óptimo no solamente
se refiere a la resolución de impresión, generalmente suele ser un balance
entre precisión dimensional, integridad de los microcanales, robustez mecánica,
tiempo de fabricación, posprocesado y repetibilidad en la fabricación.
3) Usar optimización metaheurística para reducir iteraciones y mejorar repetibilidad
Cuando existen
muchos parámetros, múltiples objetivos y restricciones, entonces el espacio de
búsqueda es grande, por lo tanto, es común recurrir a optimización
metaheurística, para explorar soluciones de manera inteligente y estratégica
sin depender de una única aproximación determinista.
En términos
sencillos, una ventaja de esta estrategia es que facilita pasar de un proceso
artesanal (prueba y error) a un proceso más sistemático donde se definen
objetivos (por ejemplo, reducir el error dimensional y maximizar la calidad
superficial) y se estructura la búsqueda de soluciones para encontrar
combinaciones de parámetros de procesamiento que cumplan mejor con el desempeño
requerido.
Esto no es inventar el “hilo negro”, es ingeniería aplicada, lo que suele reflejarse en dos puntos importantes:
- Menos iteraciones para llegar a un conjunto de parámetros óptimos.
- Mayor
reproducibilidad, porque el proceso se vuelve menos dependiente de ajustes
subjetivos.
4) Funcionalizar superficies para hidrofilicidad: en agua, la superficie manda
La interacción
fluido-superficie en microescala, de manera práctica está definida si el agua
entra, fluye como se espera o por el contrario se queda atorada en los
microcanales. Un microdispositivo puede estar dimensional y geométricamente
correcto y aun así fallar por un tema simple como la mojabilidad de las paredes
de los microcanales y depósitos. Superficies hidrofóbicas pueden dificultar el
transporte, generar burbujas persistentes o producir flujos erráticos, incluso
pequeñas variaciones pueden cambiar el comportamiento capilar.
Por eso, otra parte
clave en la toma de decisiones, se refiere a considerar la funcionalización
superficial como parte del diseño, no como un “parche” para alcanzar la
funcionalidad. Dependiendo de la aplicación y del material, se buscan y
seleccionan tratamientos que reduzcan la hidrofobicidad o que controlen la
energía superficial para lograr un comportamiento estable. Desde una
perspectiva de ingeniería, se busca que el tratamiento sea:
- Compatible con el
material y con el entorno acuoso.
- Estable en el
tiempo (no solo “funciona hoy”).
- Verificable, con
pruebas de mojabilidad y flujo.
5) Habilitar conductividad cuando sea necesario, seleccionar un método de cuantificación funcional y validar contra caso de uso real
Algunos sensores
para agua requieren también una interacción eléctrica con zonas funcionales que
permitan una lectura electroquímica o resistiva. En impresión 3D, dos de las
rutas más utilizadas son: materiales funcionalizados (resinas con propiedades
eléctricas ajustadas con la adición de materiales conductores) o integración
híbrida (impresión e incorporación posterior de elementos conductores).
La decisión
fundamental no es “que sea conductor” a toda costa, sino que sea lo
suficientemente conductor y tenga una respuesta estable para la medición
requerida, sin sacrificar otras características como la compatibilidad con agua
o estabilidad química.
Y finalmente, la
conductividad eléctrica tiene sentido solo si hay una orientación al caso de
uso específico.
En calidad del
agua, los objetivos más comunes incluyen la detección de contaminantes como
arsénico, hierro, fluoruro, y también contaminantes emergentes como residuos
farmacéuticos. Sin entrar en detalles, la validación de estos microdispositivos
puede comprender:
- Mantener un
desempeño en contacto prolongado con agua y matrices reales.
- Ser repetible y
comprobable entre impresiones.
- Responder
consistentemente a condiciones operación reales (temperatura, pH,
interferentes, entre otros). Es posible que el tipo de sustancias usadas y los
volúmenes requeridos de cada una de estas gobiernen muchos parámetros de diseño
como la dimensión de pozos, zonas de reacción, microválvulas de control de
dirección de flujo, dimensión de los canales, entre otros.
En otras palabras,
el criterio de prueba no es que el prototipo se vea bien, sino que el sistema
sea confiable en el entorno real para el cual se concibió desde el diseño.
Finalmente, la
efectividad y funcionalidad de un sensor de algún contaminante del agua ideado con
el principio de microescala depende en gran medida de una buena selección del
método de detección a emplear. Para empezar, es fundamental decidir si la detección
será cualitativa o cuantitativa, seguido de seleccionar o desarrollar el método
analítico más adecuado. De manera ilustrativa a continuación describiremos un
método colorimétrico que permite la detección de arsénico en el agua.
Método colorimétrico de determinación de arsénico en agua.
La reacción química del Trióxido de Arsénico (As2O3) con Yodato de Potasio (4KIO3) en medio ácido genera yodo metálico (I2) mediante una reacción de oxido-reducción
usando la metodología desarrollada por Shingara S (1). Este
método permite determinar de
manera indirecta la concentración de Arsénico (III) en muestras acuosas a través
de la cuantificación por espectroscopia
de UV-vis del yodo metálico generado.
|
5As2O3 |
+ |
4KIO3 |
+ |
4HCl |
® |
5As2O5 |
+ |
2I2 |
+ |
4KCl |
+ |
2H2O |
El método
consiste en la formación de yodo metálico mediante la reacción del As(III) con yodato de potasio en medio ácido, pH = 1 a 2 (reacción
1). La concentración de yodo metálico puede medirse por espectrofotometría de
UV-vis, a través de la determinación de la absorbancia a del yodo a 502 nm.
Para lo cual, previamente se preparó una curva de calibración de yodo metálico
a diferentes concentraciones en diclorometano (CH2Cl2)
Este método ofrece un límite de detección adecuado para monitoreo con
buena reproducibilidad, lo que lo convierte en una alternativa práctica para la
detección tanto cualitativa como cuantitativa de arsénico en agua contaminada.
Llevar un método químico analítico a la escala de un microdispositivo significa
un reto importante, considerando todos los factores que describimos
anteriormente, por lo que el ayudarse de este tipo de guías puede simplificar y
acortar de manera importante el trabajo de investigación.
Y para ti que estas
leyendo este blog, ¿qué te ha hecho fallar más en microdispositivos para
aplicaciones en agua, el material, los parámetros de procesamiento (impresión),
la interacción superficie-fluido o una mala selección del método de detección?
Si te interesa que compartamos más criterios de diseño, no dudes en contactar a
CIATEQ.
Autores:
Isabel Pereyra Laguna
Noemi Jardón Maximino
Miguel Ángel González López
Luis Edmundo Lugo Uribe
Jan Mayen Chaires
Manuel Gutierrez
Nava
Referencia
(1) Colorimetric method for the determination of arsenic (III) in
potable water. Shingara S. Sandhu. Analyst, Issue 1208, 1976 .
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