La lluvia horizontal: cosecha de niebla para captar agua útil.
La lluvia
horizontal: cosecha de niebla para captar agua útil.
La atmósfera funciona como un depósito natural de agua: cada metro cúbico de
aire contiene vapor y, en ciertas regiones, microgotas de niebla capaces de
convertirse en agua útil. Aprovechar ese recurso con soluciones pasivas, es
decir, sin electricidad y con mantenimiento bajo, permite complementar el
abasto donde la lluvia es irregular o los acuíferos están sobreexplotados.
En los últimos años se ha
consolidado una familia de tecnologías pasivas que capturan humedad ambiental y
la transforman en líquido por mecanismos sencillos: el viento impulsa
microgotas hacia las superficies receptoras, después la gravedad conduce el
escurrimiento y el enfriamiento por radiación nocturna favorece la condensación
cuando la superficie cae por debajo del punto de rocío (temperatura en la
que el aire se enfría para que el vapor se condense y forme roció, niebla o
escarcha). Este fenómeno, documentado en diversas fuentes, ocupa un lugar
relevante en el mapa de las soluciones de captación de niebla y de rocío como
alternativas sostenibles, escalables y cercanas al punto de uso. La clave ya no
es si funcionan, sino cómo diseñarlas para maximizar rendimiento, durabilidad y
adopción.
En captación de niebla,
el principio es directo: una malla vertical se coloca en dirección del viento
para que las microgotas que la forman choquen, se adhieran, coalescan y, al
aumentar su tamaño, el agua colectada escurra por gravedad hasta una canaleta y
sea contenida en un depósito. La eficiencia depende simultáneamente del clima
(frecuencia de niebla y velocidad del viento), de la geometría de la malla (porosidad,
tamaño de fibra, orientación) y, cada vez con más peso, de la ingeniería de
superficies.
La bioinspiración
ha sido determinante en el desarrollo de estos sistemas. Ejemplos de captación
en la naturaleza hay muchos: el escarabajo del Namib combina puntos
hidrofílicos rodeados de zonas hidrofóbicas; las espinas de cactus presentan microsurcos cónicos que dirigen el
flujo hacia el tallo; la seda de araña incorpora nudos que
atrapan y arrastran gotas.
Figura 1. Superficies biomiméticas inspiradas en escarabajo del Namib, cactus y seda de araña, Generada con IA Sora.
Estos principios se
trasladan a mallas y filamentos con patrones de mojabilidad contrastante, micro
texturas y geometrías tridimensionales tipo “Eiffel” o “Arpa” que mejoran
captura y drenaje, reducen los puentes de agua y disminuyen pérdidas por rebote
o evaporación. La evidencia de campo de países como Chile, Perú, Namibia,
España y otros más confirma que, bajo condiciones propicias, es posible
abastecer consumos domésticos, huertos de traspatio o puntos de reforestación
con infraestructuras simples, siempre que se gestione el mantenimiento y la
gobernanza local de forma adecuada (Chavero, E. et al, 2024).
Figura
2. Diagrama de flujo
de niebla para su recolección, elaboración propia.
En recolección de rocío,
el enfoque se apoya en el cielo despejado de la noche. Superficies de alta
emisividad infrarroja pierden calor por radiación y se enfrían por debajo de la
temperatura del aire; si la superficie cruza el punto de rocío, el vapor se condensa.
Con recubrimientos selectivos y un buen manejo del intercambio convectivo, se
han reportado rendimientos del orden de un litro por metro cuadrado por noche (dependiendo
del clima, la estación y la geometría), lo que hace viable su uso para usos domésticos
no potables o para combinarse con potabilización apropiada cuando se busca
consumo humano. El interés actual se centra en laminar el flujo de aire,
acelerar la coalescencia y evitar ensuciamientos que degraden la emisividad.
Figura
3. Malla tipo Raschel
usada para captación de niebla, elaboración propia.
Más allá de los
mecanismos, el atractivo de las soluciones pasivas es su balance entre impacto
y simplicidad. No dependen de la electricidad, pueden ser modulares, instalarse
cerca del usuario e incluso sirven como plataformas educativas. Los retos para
su implementación son conocidos: seleccionar sitios con régimen de niebla o de
enfriamiento nocturno suficiente; asegurar durabilidad frente a radiación UV,
viento y polvo; homologar métricas de desempeño (por ejemplo, L·m⁻²·día⁻¹ o g·m⁻²·h⁻¹) y formalizar arreglos
comunitarios para operación y cuidado. La agenda de
I+D+i en esta temática prioriza tres frentes: superficies avanzadas con
patrones de mojabilidad estables y recubrimientos resistentes; geometrías que mantengan ventilación y drenaje continuo; y la
validación cruzada en bancos de prueba controlados y escenarios reales para
cerrar la brecha laboratorio‑campo (Bai et al., 2024; Chavero,
E. et al, 2024).
En términos de calidad,
el agua captada de niebla y rocío suele ser apta para usos no potables tras una
filtración básica; para consumo humano, debe someterse a tratamientos y
verificaciones conforme a la normatividad local. Cuando se integra con
captación de lluvia, almacenamiento seguro y potabilización por
filtración y desinfección, la cosecha pasiva de agua se convierte en un
sistema descentralizado robusto que reduce vulnerabilidad hídrica sin
incrementar la huella energética.
La lección que deja la
bibliografía reciente es clara: el aire puede ser una fuente complementaria
de agua si se combina conocimiento de materiales, diseño informado por la
naturaleza y evaluación rigurosa en condiciones reales. A medida que
mejoran las superficies y la ingeniería de flujo, estas tecnologías expanden su
radio de acción desde el abastecimiento básico hasta la agricultura de pequeña
escala y la restauración ecológica. La atmósfera siempre está ahí; la
innovación consiste en tocarla con el diseño adecuado.
Autores:
Ing.
Marco Antonio Cortina Gutierrez
Ing.
Bernardo Oviedo Villeda
Ing.
Walter Victorico Cruz Pérez
Referencias:
Bai, S., Yao, X., Wong, M. Y., Xu, Q., Li, H., Lin,
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Chavero
Navarrete, E., Poblano-Salas, C. A., Escamilla-Martínez, A., Cortina-Gutíerrez,
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